15 de junio de 2020

Los horizontes abiertos

La ruta de la seda entre China y la India. © Rudra Narayan Mitra | Dreamstime.com.
Ahora que tanto es nuevo, más que nunca es necesaria la historia. El tiempo de esta cuarentena que ya se aligera ha parecido transcurrir en la cuerda floja, indeciso antes de inclinarse hacia uno u otro lado a toda velocidad como una montaña rusa. Los acontecimientos como este suelen acelerar las partículas históricas, eso lo sabemos, pero ignoramos en qué dirección lo harán. En cualquier caso, la incertidumbre no ha de ablandar nuestra voluntad de participar en la aventura de dar forma al futuro. Al contrario, tenemos que comprometer en ella toda la creatividad que seamos capaces de reunir: todas nuestras fuerzas, todos los conocimientos y toda nuestra imaginación, expandida por la memoria.

29 de octubre de 2019

Puente / Pont

Golden Gate Bridge. © George Rose/Getty. 
Hace dos años, inmerso en el malestar generado tras el referéndum catalán y sus secuelas, hice aquí una propuesta federal basada en una lectura interpretativa de la historia contemporánea de Catalunya y España y en el principio de laicidad nacional. Con matices, sigo creyendo en ella, aunque ya entonces temí que llegara fuera de contexto. El federalismo necesita confianza (fides) para alcanzar un pacto (foedus) entre iguales y no había donde encontrarla.

10 de abril de 2019

Así es como muere la democracia

Colina de Pnyx, Atenas. De la foto: Wikimedia Commons (CC).

En tiempos de oscurantismo, ha de ser más firme que nunca el compromiso con la legibilidad del mundo: las verdades de la ciencia, el arte y las humanidades son nuestra mejor guía para orientarnos en las realidades en que vivimos. La historia, en particular, tiene aún mucho que enseñarnos. Hoy nos dice que todos los regímenes políticos son perecederos; también, que pueden perdurar como nombres vacíos. Tengámoslo presente ante la nueva ola de autoritarismo que recorre el mundo y erosiona peligrosamente la democracia.

22 de mayo de 2018

El tesoro perdido del 68

Asamblea general en la Sorbona, 28 de mayo de 1968. © Bruno Barbey.

La memoria es un campo de batalla. Lo percibió dolorosamente un hombre en tiempos de oscuridad cuando escribió que “ni siquiera los muertos estarán seguros ante el enemigo si este vence”. Para velar un pasado de violencia o dominación, se puede guardar silencio, ocultar los hechos y echarlos al olvido. El 17 de octubre de 1961, por ejemplo, una manifestación de argelinos en París fue sanguinariamente reprimida y se saldó con cerca de doscientos muertos, algunos de ellos arrojados al Sena por la propia policía. El apagón informativo que se impuso después fue tal que el reconocimiento oficial de los hechos no llegó hasta 1998.

8 de marzo de 2018

El silencio de Penélope

Las revoluciones son los acontecimientos que más necesitan la historia. Por eso ahora, en este momento feminista, es tan importante dirigir la mirada al pasado para calibrar cuán profundamente enredados en nuestra cultura están los mecanismos que silencian a las mujeres. Para hacerlo, son especialmente oportunas las dos conferencias de la eminente historiadora inglesa Mary Beard que acaban de traducir, al catalán y al castellano, Arcàdia y Crítica. Su lectura nos muestra que somos herederos de una larga tradición de misoginia de la que debemos emanciparnos.

25 de octubre de 2017

Al borde del acantilado

Dover White Cliffs. © Cale/Adobe Stock.
“Al borde del acantilado” es la imagen que escogió el historiador Roger Chartier para describir las tentativas intelectuales que tratan de elucidar el vínculo entre discursos y prácticas sociales, una tarea vacilante amenazada por la tentación de asimilar las lógicas que modulan los enunciados y las que rigen los actos. “Al borde del acantilado” es también la metáfora que juzgo apropiada para reflejar la sensación de vértigo ante el carácter y el destino de nuestro presente, donde la gravedad del momento contrasta con la ingravidez del tiempo suspendido. El mañana está en el aire.

23 de abril de 2017

El legado de Francia

Uno de cada tres franceses está de acuerdo con las ideas del Front National, según una encuesta reciente. Tal vez aún no sea una proporción peligrosa, pero ya es alarmante. La influencia de la extrema derecha sobre la sociedad francesa es un síntoma de la crisis política y cultural que atraviesa nuestro país vecino, puesto que echa por tierra lo mejor de su herencia, cuya esencia está contenida en la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, símbolo imperecedero de 1789.

22 de febrero de 2017

El tiempo de las cerezas

Mais il est bien court le temps des cerises. 
Jean-Baptiste Clément (1866)
Un largo tiempo muerto dejó en suspenso la política española en 2016. Fue un periodo en el que constatamos la viscosidad de la inercia, cuando escuchamos al pelotón de tertulianos insistir en su salmodia a pesar del vacío informativo, y la angustia ante la alteración de la rutina, cuando cuajó en cierta opinión pública o publicada la necesidad de poner fin a la pausa a toda costa. En ese contexto de ansiedad y repetición, no es de extrañar que al reanudarse el tiempo de juego los dinosaurios siguieran ahí. Una vez más, redescubrimos la triste levedad de la esperanza y la insoportable necedad del ser.

22 de septiembre de 2015

La marca Catalunya

Posiblemente, asistimos a un momento histórico, a un cambio de época que alterará las coordenadas de nuestra imaginación política. Si es así, entonces debemos tener presente que toda originalidad es un retorno al origen. Ninguna construcción perdurará si solo se levanta sobre la destrucción de lo que la precede. A la vez, ninguna transformación cristalizará si desconoce que el origen es una herencia sin testamento: no revela la esencia secreta de las cosas, sino el secreto de que las cosas no tienen esencia. La historia no nos convoca, nosotros la invocamos.

22 de julio de 2015

La crisis de la conciencia europea

El domingo del referéndum griego, pasé la tarde a la sombra de una encina, a resguardo del sol mediterráneo, leyendo una conferencia que Husserl pronunció en Viena hace ochenta años, cuando era evidente el fracaso del tratado de Versalles, Hitler había alcanzado el poder y el crac de 1929 había desencadenado una gran depresión. En ese momento de emergencia, el pensador de Moravia denunció el racionalismo olvidadizo del mundo de la vida y llamó a recuperar, mediante el heroísmo de la razón, el verdadero espíritu de la filosofía, sin el cual Europa recaería en la barbarie. Un espíritu que, dos milenios y medio atrás, había nacido en algún lugar de Grecia.